
Me levanto temprano y dejo a Steve roncando en el sillón. Salgo de su casa y bajo las escaleras hacia la calle. Llamo a un taxi que esta vez sí pagaré, gracias a Steve.
Voy a la oficina sin pasar por casa, tengo que verla.
Subo las escaleras sin notar apenas la herida de bala,y cruzo la puerta entreabierta con mi nombre en el cristal. Sally está allí,esperándome. Me mira y su ojo brilla,y después dirige su ciclopea mirada hacia el sillón. No está sola.
- Hola Mike, me alegro de verte sano y salvo. Esta es la Sra Meyers. Ya te comenté por teléfono...
Me cuesta concentrarme,sólo puedo pensar en abrazar a Sally...pero el trabajo es el trabajo y me fuerzo a mirar en la dirección que la rolliza mano de mi secretaria señala.
Sentada, fumando un cigarro largo,me observa. Sus ojos verdes se clavan en mí como si estuviera hecho de algún material brillante,como el de los chalecos reflectantes de los coches. Me miro. No soy fosforito. Menos mal.
Es joven. Quizá demasiado joven para ser señora. Lleva puesto un traje de terciopelo negro algo ajustado que remarca su esbelta silueta. Su melena pelirroja enmarca una cara algo pálida y delicada. En su mano izquierda sostiene un largo cigarrillo,que mueve rítmicamente. Me mira,con una mezcla de curiosidad e impaciencia.
- Usted debe de ser el detective Mike.
Su voz es como el sonido producido por el ano de un gran mamífero al expulsar el aire. Cuerpo de escándalo, voz de pedo. Curiosa combinación.
- Si,soy yo. Perdone el retraso,he tenido unos días muy movidos.
- No se preocupe,estoy acostumbrada a la ineptitud.
La última palabra suena como el clásico pedo en el que haces toda la fuerza posible pensando que va a ser gargantuesco, y luego no sale casi nada. Sí,de esos.
Sally mira a la Sra Meyers con rencor. Creo que está celosa. No te preocupes preciosa,hace falta mucho más que un cuerpo escultural, una melena salvaje y unos ojos de cuento de hadas para atrapar al viejo Mike.
- Bien,¿que le trae por aquí?
- Quiero que siga a mi marido. Creo que me está engañando.
- ¿Sólo eso?
- ¿Vale usted para algo más?
Esta mujer no me gusta nada...Pero es trabajo.
- De acuerdo,seguiré a su marido.¿Puede darme alguna información sobre él?
Busca en su bolso y saca un fino sobre blanco.
- Aquí está todo lo que debe saber.
- Perfecto. Acompañe a mi secretaria a su despacho y le informará de las tarifas para estos casos.
- Le daré 500 dolares si logra averiguar qué hace mi marido cuando está fuera de casa. Puedo pagarle más aun si me trae pruebas.
La palabra "pruebas" en su boca me recuerda a mis dias de retención de heces, en la comisaria.
De acuerdo. Vuelva dentro de una semana; Tendrá noticias de su marido.
- Eso espero. Hasta dentro de una semana.
Se levanta del sillón con elegancia y se marcha por la puerta sin mirar hacia atrás.
Sally se abalanza hacia mí y está a punto de hacerme tropezar.
- ¿Qué te ha pasado?¿Dónde has estado?¿Estás bien?¿Porqué esa mujer tenia el ano en la boca?
Beso a Sally en la mejilla y le cuento todo lo que ha pasado estos últimos días. Mientras lo hago, me presta total atención mientras redondea un erótico moco recién salido de su nariz.
- Menos mal que estás a salvo.¿Que piensas hacer ahora?
- He estado meditando Sally,y creo que de momento es mejor dejarlo pasar.
- ¿Cómo?
- Sea lo que sea lo que me hicieron, de momento no hay forma de saber nada. Así que volveremos a la rutina hasta que tenga alguna pista. Las facturas no se pagan solas. Las pagan persona como la Sra Meyers. Y algún mes tendré que pagarte, Sally.
- Sabes que eso no es ningún problema. Con estar a tu lado y poder comerme las pelusas de la moqueta estaré bien.
- Gracias.
Nos miramos. Bizqueo un poco intentando mirar su pupila con mis dos ojos a la vez.Ella responde a mi mirada y lanza el moco a traves de la habitación. Nos miramos. Ella acerca su cara lentamente...
- Tenemos trabajo. Veamos que hay dentro de este sobre.
No puedo hacerlo, Sally. Te mereces algo mucho mejor.
Abro el sobre, y encuentro una foto de carné y un par de pequeñas notas. En una aparece el nombre del supuesto marido: Ethan Meyers; En la otra, una dirección y un pequeño poema:
Cuando era pequeñito
Me lavaban en la olla
Ahora que soy mayorcito
No me cabe ni la bolla
La última palabra está borrosa. Pero seguro que es bolla.
- Sally, localizame esta dirección. Yo voy a buscar datos de este tipo.
- Volando.
- Mejor ve a pie, el techo está sucio.

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